SER UNO MISMX EN RELACIÓN ES ARRIESGADO

Ser una misma tiene un precio. 

Ser una misma implica perder, transformar, renovar relaciones. 

Ese es el precio, dejar atrás la manera de relacionarte automatizada, sin consciencia, pasando por alto lo que tú necesitas, lo que tú quieres. 

Es un precio que nos resulta caro, nos resulta imposible de pagar. Vamos pidiendo préstamos a corto plazo para soñar un rato con quienes podríamos ser para luego volver a lo automático. 

Esta manera de relacionarnos automática e instalada, nos permite sobrevivir emocionalmente dentro de estos vínculos tan importantes que tememos que desaparezcan si nosotros cambiamos. 

¡Qué difícil es cambiar la manera de relacionarnos! 

Estamos tan acostumbrados a vivir enredados que es difícil saber que es lo nosotros realmente queremos y qué es lo que los demás nos han contado y nos hemos creído a pies juntillas. Todas esas creencias, mensajes, “verdades universales” que son como son porque lo dice nuestra madre, nuestro padre o la figura vital que nos haya ofrecido un vínculo para crecer como seres humanos. 

Es de valientes, sin duda alguna, lanzarse a ser uno mismo y vivir en consecuencia: con las críticas de esas figuras que fueron esenciales para nuestro desarrollo (lo hayan hecho mejor o peor, esenciales igualmente). A veces, se recibe más que una crítica. Se recibe un rechazo, un destierro. Otras veces te visten de invisible y ya no eres relevante. 

Es de valientes ir con nuestra verdad (y no la verdad universal) por delante porque renunciar a la aceptación condicional de estas figuras esenciales nos coloca delante de un abismo existencial. 

Un abismo que aguarda dos opciones:

  1. Renacer libre, real y verdadero y reconstruir vínculos nutritivos y esenciales con esas mismas figuras (en el caso de que sea posible) y/o otros seres humanos dispuestos a amarte por ser quién eres. 
  2. Volver a la manera de relacionarte antigua, con préstamos que te ofrecen vacaciones de identidad y luego vuelta a la rutina automática dónde no te permites ser tú mismo, pero te aseguras el amor condicional. 

Nuestro camino vital es complejo, tiene luces sombras, lágrimas, alegrías y necesidades conscientes e inconscientes. Encontrarnos los unos con los otros en este mar de humanidad es el sentido de nuestra existencia. 

Digo esto, porque es cierto, nuestro cerebro, nuestra naturaleza está diseñada para la relación.

Con nosotros mismos porque estamos dotados de conciencia. Con los demás porque es como podemos, crecer, desarrollarnos y mantenernos vivos a lo largo de toda nuestra vida. 

De hecho, hay estudios que explican la importancia de las relaciones y el contacto entre personas, en la vejez y como el sentirnos conectados a otros nos mantiene más tiempo vivos y con mayor calidad de vida. 

 Mirar al abismo es arriesgado 

Por esta razón enfrentarnos al abismo, que mencionaba antes nos resulta tan arriesgado porque sentimos que perdemos la fuente primera de esa nutrición relacional tan importante. 

De hecho, cuando por fin somos nosotrxs mismxs en relación con otras personas esenciales y vivimos en consecuencia soñamos con una sensación de paz interior eterna y constante. Vengo a decir que la paz interior es eterna y no es constante. No es constante ya que puede que haya personas cercanas o simplemente conocidxs que vengan a opinar y a decirte cómo deberías estar viviendo y entonces les tendremos que poner límites una y otra vez. En mi experiencia, poner límites nos remueve, nos altera, no siempre, ocasionalmente y por eso la paz interior no es constante. Porque cuando te critican, te escupen, te señalan o te pisan un pie es inevitable que nos duela. 

Por esta razón, admiro y me inspiro en todas las personas que acuden a mi consulta y que conozco a mi alrededor que están luchando por ser ellxs mismxs. Utilizo la palabra luchar porque es cierta. El final de una terapia, es cuando la reconciliación con unx mismx se completa. Sin embargo, hasta que eso sucede hay mucha lucha externa y mucha lucha interna. 

Yo, como profesional humana relacional, sigo avanzando en este proceso de ser yo misma y al haber recorrido ya una grandísima parte del camino, me dedico profesionalmente a ofrecer mi asistencia para que quienes acuden a mi, puedan relacionarse mejor consigx mismxs, con los demxs y con el mundo. 

VIDEOGRAFÍA:

Brené Brown- El poder de la vulnerabilidad. 

 Susan Pinker 

Esther Perel La calidad de nuestras relaciones. 

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Una respuesta

  1. La lucha en si por encontrarnos es el propio camino y creo que mi fortaleza es saber verlo. Creo que nunca dejaremos de buscarnos. Si existe una búsqueda del Santo Grial es esa búsqueda de nosotros mismos.
    Pero no es un camino ni fácil ni bonito. Es sólo un camino que elegimos cuando el rumbo está tan disperso que nos es imposible de seguir.
    Y no se trata ni de buscar ni la eterna felicidad ni de encontrar un objetivo, a veces es solamente aceptar que sigues en el camino, solo que estás muy cansado y solo necesitamos PARAR.
    Me ha encantado el artículo Luc! Y me encanta René Brown!. Es una comunicadora nata!!.

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